13 de febr. 2015

Consejos contra la Vanidad

Bueno, como esto es un blog de reflexiones empezaré como tal, con reflexiones en lugar de acusaciones, aunque en realidad solo hay una leve diferencia, en este caso, la personalización.

Entiendo que existen dos clases de personas, las que llegan a este mundo para servir a los demás y las que llegan para servirse de los demás. Sé que, en el fondo, todos tenemos algo de ambas partes, la diferencia radica en el porcentaje que de cada una tenemos, cómo y para qué lo usamos.

Para los que todavía no conocen a los medradores de la bondad ajena, a las rémoras de la buena voluntad y vampiros de ilusiones, os diré que jamás he tenido un buen radar de localización para ellos. En varias ocasiones he sido pasto de sus patrañas, y pese a tener más de medio siglo de vida, todavía no tengo la suficiente destreza como para conocerlos a primer golpe de vista.

Son profesionales del camuflaje, regaladores de oídos, siempre tocando la fibra más sensible que tenemos, y la peor de todas, nuestra propia vanidad. Vanidad, ¿Qué hacemos con ella? Solo sirve para obtener reconocimiento de algo que somos o hacemos. 

Luego, si ya lo somos y hacemos el mayor reconocimiento ¿no debe partir de nosotros mismos? Sí, pero por desgracia siempre necesitamos algo más, alguien que te lo recuerde, la necesidad permanente del alma cándida, contentar a los demás incluso por encima de contentarte a ti mismo.

Ahí viene el truco… Cuando lo que quieres es simplemente mejorar tu entorno como parte de ti, el entorno de los que te rodean, familia, amigos, trabajo, estudios… Te embarcas en proyectos de mejora colectiva o quizá no te has dado cuenta y ZAS, te embarcan!!!!!

Cuando han conseguido que creas que su proyecto es el tuyo, se adherirán a ti como un saco de sanguijuelas al cuello de un becerro. Hábilmente, propondrán y dispondrán acciones, te convencerán de su necesidad pero nunca las ejecutarán y al amparo de vuestra cara protegerán la suya.

Bien, después de este sermón, puede ser que creáis que soy un entendido en la materia, pero como he dicho antes, aunque los he sufrido, no sé gran de cosa de cómo reconocer a los timadores de la buena voluntad ajena, pero quizá si pueda permitirme dar unos consejos y expresar un deseo.

Unos consejos:
  1. Desconfiar de vuestra propia vanidad, cuando alguien multiplique por diez todo aquello que queréis oír, preguntaros por qué lo hace.
  2. Observar con atención a los que proponen y disponen, si estos dan un paso al frente, o por el contrario con cualquier pretexto se quedan en un lugar seguro de la retaguardia.
  3. ESTAR ATENTOS, ver en qué parte del camino se ha perdido el objetivo común, en que se ha convertido este.
  4. Cercioraros de si buscan un fin diferente al del resto, es más “si obtienen únicamente su parcela de beneficio”, es más, si están a ambos lados del tablero de juego (suele pasar).
  5. Mira a quien han dejado atrás, pregúntate ¿Por qué? Pregúntate ¿Por quién? Pregúntales ¿Por qué?
  6. En ese momento dejarlos de lado, piensa que jamás les importará cambiarte por otro, es más, solo eres el siguiente de la lista.
Un deseo:

Quiero que existan los Reyes Magos, se levanten un día de "Reyes Cachondos" y les regalen un gramo de conciencia para que no puedan dormir más.

Jaime Juan Gil



9 de febr. 2015

El espejo y yo

Luz. Ojos abiertos de nuevo. Espejo. Mi mente vuela. Debilidad. Mis rodillas flaquean en cada paso.

Dibujo de Pedro Cabañas Moreno.
Instagram: @pedrocm93
Los segundos se hacen horas, cuatro paredes blancas me retienen y no hay nada a mi alrededor con lo que pueda acabar con esto. Me dicen que es por mi bien, que saldré de aquí. Pero no entiendo ni porque lo estoy. Me arrebataron mi día a día, a mis amigas, a mis padres, a mi perrito… Cada minuto en esta habitación me consume.

Cuando entra una de esas bandejas por la puerta llega el terror. El olor me repugna y corro al baño. Cuando vuelvo la chica de bata blanca se espera para verme comer. Todo lo que entra en mi boca se convierte en piedra. Ellas quieren que mastique y trague, pero no soy capaz. Solo pretenden destruirme por dentro.

Consigo que se vaya y vuelvo al baño. El espejo me mira, me habla, me convence. Veo lo que soy y me repugna tanto o más que la comida. Recojo mi pelo y enciendo el grifo. Vuelvo al espejo, me sonríe