3 d’abr. 2015

Normes socials


- Què fas?

- Mirar

- I per què?

- I per què no?

- Perquè no està bé!

- On ho posa?

- No ho posa enlloc!

- I, doncs?

- Però no està bé.

- I per què?

- Perquè no!

- No és una resposta.

- Perquè això no es fa.

- Qui ho diu això?

- Ho dic jo.

- I qui ets tu per decidir aquestes coses?

- No ho he pas decidit jo.

- I qui ho ha decidit?

- No ho se

- I te’n refies d’algú que no saps ni qui és?

- Tothom ho fa.

- No, jo no.

- Bé no, tu no però...

- Però què?

- Doncs que ho hauries de fer! No està bé mirar-li els pits a una dona.

- Segur que el teu xicot te’ls mira i no li dius que està prohibit.

- No en tinc jo d’això. I no es miren sense permís.

- Bé són una part del cos, oi?

- Si, es clar.

- I, doncs? Perquè puc mirar-te el melic i no puc mirar-te els pits?

- Doncs...

- Perquè ho ha dit algú que no coneixes de res i tu li fas cas?

- Ho ha dit la societat.

- En què quedem?

-Hi ha coses que estan bé i coses que no, oi?

- Suposo. 

- Doncs aquesta no està bé.

- Vull una raó per poder fer-te cas.

- Doncs no la tinc.

- Doncs ho seguiré fent. 

- M’estàs traient de polleguera!

- Per què? M’agraden els pits! 

- Ets uns guarro.
 
- Sóc un guarro si et miro els pits però no si et miro els ulls?

- Exacte. 

- Et dono permís perquè em miris qualsevol part del cos.

- No te’n vull mirar cap! Per qui em prens?

- I per què m’estàs mirant tan fixament els llavis?

- Jo? 

- Els vols tastar?

- Jo, eh, no... 

- Et recordo que acostumes a fer cas a homes que no coneixes...

-  ...

- Tanca els ulls.

- Ha estat bé, oi?

- ...

- Jajaja, repetim?

- Si us plau.
Aquest cop es van besar amb més seguretat i passió que abans, intentant descobrir els secrets que amagava l'altre.  Feia tan sols cinc minuts eren dos desconeguts esperant en una parada de bus i ara, cinc minuts i una curiosa conversa després, s'estaven fusionant en un càlid petó.

- Com n'és d'estrany això, oi?

- I qui diu que això sigui estrany?!

- No comencem un altre cop!!

- Tu i les teves normes socials...

- Calla i besa'm.


Texto de Anaís Cuerva

31 de març 2015

La bolsita de polvos blancos

-¡¿Mamá?! –gritó desde la otra punta de la casa

-¡Dime hijo! –contestó Mafalda en el mismo tono

-¡Me llevo la televisión a que la arreglen!

-¡De acuerdo Marvin, no tardes!

Marvin agarró aquel aparato antiguo y lo colocó sobre el carro de transporte que tenía destinado para ello. Pesaba bastante, por ese motivo se ayudaba de las ruedas del carro. Agarró el mando del electrodoméstico, lo introdujo en una bolsa, y salió a la calle tras dar un portazo. Una leve sonrisa elevó las comisuras del muchacho. No había motivo, 35 años y seguía viviendo con su viuda madre, no tenía trabajo, y su carrera estudiantil quedó aparcada a los 10 años.

Empujando el carro viejo torció a la derecha en la primera esquina, y seguidamente torció a la izquierda en la siguiente que pudo. Se plantó justo delante de una tienda vieja y andrajosa, con el escaparate lleno de polvo y telarañas en los aparatos. Un cartel enrome y con luces de neón se mostraba al frente del establecimiento. “Compra y Venta”, es decir, una tienda de segunda mano. Marvin no dudó en entrar rempujando la puerta con el carro y buscando con la mirada a alguien a quién poder engatusar.

Se respiraba un aire sucio y polvoriento. La humedad se había adueñado de aquel lugar tan tenebroso a ojos de cualquier ser distinto a una araña. Las cucarachas se escondían detrás de los estantes, las manchas de “vete a saber qué” decoraban las paredes y el suelo, y un bocadillo con el pan más verde que de otro color recibía a Marvin en el mostrador. Al fondo, una puerta entreabierta por la falta de una manilla decente llevaba a lo que parecía ser el almacén, dónde aquel que entrara podría encontrarse cualquier cosa menos aquello esperado.

De repente, un chirrido aterrador dejó ver una figura mientras la puerta se acababa de abrir del todo. Lo que parecía ser una sombra oscura se fue convirtiendo poco a poco en un ser, sin cabello, con los ojos medio cerrados y unos dientes amarillentos. Tenía una cicatriz vertical en el lateral del cuello que lo hacía mucho más siniestro. No obstante, levantó la mano derecha para saludar a Marvin mientras dejaba caer una leve sonrisa.

-¿Qué hay Marvin? ¿Otra vez me traes tu viejo televisor…?

-Sí tío, necesito el dinero y no puedo pedírselo a mi madre.

-¿Para qué necesitas el dinero? –preguntó curioso el vendedor.

-Cosas mías Mike, tú dime cuanto me puedes dar por la televisión.

-Pues lo de siempre, el mismo precio por el que tu madre me la va a comprar esta misma tarde. ¿No crees que harías bien en pedirle el dinero y dejar esta tontería de vender y comprar la televisión?

-Me preguntaría para qué quiero el dinero.

-Es que si yo no se la vendiera a precio de compra estaría arruinada… Me vendes este televisor tres veces por semana y ella lo recompra tres veces más. No sé tío, no creo que merezca eso.

-¡Tío! ¡Déjame, cómprame el puto televisor y no preguntes más! –dijo Marvin histérico

-Vale, vale, cálmate…

-Es que cada día la misma charla…

-¿No puedes decirme al menos para qué es el dinero?

-Para invertirlo tío, estoy en un proyecto laboral que me va a salvar la vida.

-Bueno, bueno, si tú lo dices…

Mike hizo lo de siempre, observó el televisor, comprobó el estado del mando, lo sacó todo del carrito, y le pagó a Marvin lo de siempre. Seguidamente se despidieron y Marvin salió de la tienda a un ritmo más bien difícil de seguir. No volvió a casa, se perdió entre los callejones de la ciudad, pero manteniendo ese ritmo alto de camino, mientras el sudor le iba bajando cada vez más en abundancia por la frente. Los ojos se le salían de las cuencas, la respiración cada vez era más angustiosa, y el ritmo cardíaco llegaba a ritmos peligrosos.

Llegó a otro callejón. Estaba exhausto, tuvo que sentarse sobre un cubo de basura para recuperar la calma. De detrás de una escalerilla apareció otro chaval. Iba encapuchado, vestía pantalón ancho y únicamente se le veía una tímida y poco arreglada perilla por debajo de la capucha.

-¿Tienes la pasta? –dijo el encapuchado

-Si… -contestó Marvin casi sin capacidad pulmonar

-¿De dónde la has sacado?

-Le he robado el televisor a mi vieja. No pasa nada, siempre lo recupera.

-Bueno, eso es cosa tuya…

Marvin le dio el dinero del televisor al chaval, y éste le dio una bolsita hermética con una sustancia blanca en el interior. Marvin abrió la bolsita y metió el dedo en su interior, impregnando su yema con aquellos polvos para luego llevárselo a la boca.

-Es buena. –dijo Marvin

-La mejor. Esto te pegará un “chute” que te querrás tirar a tu perro.

-Bien, en un par de días nos volvemos a ver.

-Ya sabes dónde estoy…

El encapuchado se perdió entre los vapores de las cañerías, mientras Marvin se quedó inmóvil, observando con atención aquella bolsita tan inofensiva a simple vista, pero tan corrompida y peligrosa para todos. Una leve sonrisa dejó entrever los dientes de Marvin, una sonrisa que poco a poco fue degenerando en un llanto interno de esclavitud y sufrimiento, ya que sin ser consciente, vivía encadenado a la bolsita de los polvos blancos.