16 de febr. 2015

El trueno de media noche


Temo el poderoso trueno de media noche, una advertencia lejana de que lo peor está por llegar. Cuento las gotas que repiquetean en la ventana como puñales en la piel, son segundos, segundos que suceden uno tras otro sin ver su rostro. Cuento el tiempo ralentizado que hace que no beso sus dulces labios, y aquel que aún falta para volver a acariciar su suave pecho. Me siento solo tumbado bajo unas sábanas que no calientan, el agua ya no sacia mi sed, y la comida no me sabe a nada. Falta algo… El tiempo cala mis huesos como el frío glacial de la montaña a principios de año, un infierno pálido invade mi alma dejando tras de mí un rastro inconfundible de miedo y sombra.


Dibujo de Pedro Cabañas Moreno / Instagram: @pedrocm93




Los días suceden sin argumento, las lunas ya no llaman a las estrellas, mis bocanadas de aire son cada vez más cortas y angustiosas. No vivo sin ese aliento rosado que tiñe mis labios, no veo más atardeceres anaranjados por el retrovisor mientras su acogedora mano acaricia mi pelo, necesito despertar con un calor distinto al de la ropa. Esos amaneceres no tienen precio, pues compra mi bienestar a base de abrazos envolventes que me dejan sentir su piel suave y apacible, unos besos que erizan la piel convirtiendo mi cuerpo en un éxtasis continuo. Recomiendo el amor hasta al peor de mis enemigos. Es esa luz que viene después de cada tormenta, un sol cálido que anima a los pájaros a cantar y hace que olvides la oscura noche de lluvia que no te deja soñar.

Voy al volante de mi vida a gran velocidad, pero necesito que ella sea mi copiloto, necesito tener la luz necesaria para poder seguir mi camino durante las largas noches, necesito que me mantenga despierto con esa energía que solo ella puede transmitir, necesito escuchar el sonido de su voz para poder seguir adelante. De lo contrario, acabaré estrellado en una cuneta, acercándome poco a poco a aquella luz a la que se supone que nunca te debes acercar, y combatiendo contra el mundo para poder robar un poco de oxígeno y prolongar mi agonía unos segundos más.

Necesito de ella para vivir, una preocupación constante en las largas noches de insomnio, donde todo parece venirse abajo porqué ella no está a salvo, no está a cubierto bajo el manto de las estrellas por lo que ni yo mismo puedo garantizar su seguridad. Si se me fuera… En un charco de lágrimas rojas me desharía cual helado bajo el sol, esperando el día en qué aquel que decidió otorgarnos la vida, sea Dios, sea la naturaleza o vete a saber quién, me diera una explicación de por qué no llegamos con los corazones unidos si, tarde o temprano, todos tenemos nuestra otra mitad de corazón desperdigada por el mundo.

Me he criado en la calle y soy hombre de pocos caprichos, pero considero necesario notar sus manos sobre mi carne, besar sus labios con delicadeza y halagarla cual diosa griega de la belleza. No obstante no me puedo permitir el lujo de tocar, pues tal maravilla necesita estar bien conservada, así pues la devoro con la mirada. Observo su figura intacta bañada por la luz dorada que esquiva las sombras, observo sus preciosos ojos con precaución, pues una vez me haya adentrado del todo en ellos, me veré perdido en un laberinto tan profundo del cual dudo que pueda o quiera salir. Escucho con atención el latido de su corazón en el pecho y, os puedo asegurar, que no hay sonido más hermoso.

Cada noche al acostarme relato estas breves y humildes palabras en mi mente, sueño y pienso en estos relatos absurdos que carecen de validez frente a todo aquel que me conoce, pues son los actos y no las palabras los que originan el mundo real en el que vivimos. No obstante sé que a ella le complace leer mis pensamientos y no puedo plasmar de mejor manera aquello que pienso que en forma de palabras escritas, pues es un modesto don con el que he venido. Voy a confesar, además, que no es lo único en lo que pienso cada noche.

Llego siempre a la misma conclusión, y es que no habrá días suficientes en la vida para responder a cómo después de todo lo que he hecho y vivido la vida me recompensa con un regalo como ella, no soy apto para recibir tal aprecio, no merezco esto y quizás ella merezca algo más. Pero ya que la vida me lo ha regalado, que se jodan los demás porqué pienso hacer que no se arrepienta de haber juntado su enorme y hermoso corazón con éste tan impaciente y temerario.


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