Temo
el poderoso trueno de media noche, una advertencia lejana de que lo peor está
por llegar. Cuento las gotas que repiquetean en la ventana como puñales en la
piel, son segundos, segundos que suceden uno tras otro sin ver su rostro.
Cuento el tiempo ralentizado que hace que no beso sus dulces labios, y aquel
que aún falta para volver a acariciar su suave pecho. Me siento solo tumbado
bajo unas sábanas que no calientan, el agua ya no sacia mi sed, y la comida no
me sabe a nada. Falta algo… El tiempo cala mis huesos como el frío glacial de
la montaña a principios de año, un infierno pálido invade mi alma dejando tras
de mí un rastro inconfundible de miedo y sombra.
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| Dibujo de Pedro Cabañas Moreno / Instagram: @pedrocm93 |
Los
días suceden sin argumento, las lunas ya no llaman a las estrellas, mis
bocanadas de aire son cada vez más cortas y angustiosas. No vivo sin ese
aliento rosado que tiñe mis labios, no veo más atardeceres anaranjados por el
retrovisor mientras su acogedora mano acaricia mi pelo, necesito despertar con
un calor distinto al de la ropa. Esos amaneceres no tienen precio, pues compra
mi bienestar a base de abrazos envolventes que me dejan sentir su piel suave y
apacible, unos besos que erizan la piel convirtiendo mi cuerpo en un éxtasis
continuo. Recomiendo el amor hasta al peor de mis enemigos. Es esa luz que
viene después de cada tormenta, un sol cálido que anima a los pájaros a cantar
y hace que olvides la oscura noche de lluvia que no te deja soñar.
Voy
al volante de mi vida a gran velocidad, pero necesito que ella sea mi copiloto,
necesito tener la luz necesaria para poder seguir mi camino durante las largas
noches, necesito que me mantenga despierto con esa energía que solo ella puede
transmitir, necesito escuchar el sonido de su voz para poder seguir adelante.
De lo contrario, acabaré estrellado en una cuneta, acercándome poco a poco a
aquella luz a la que se supone que nunca te debes acercar, y combatiendo contra
el mundo para poder robar un poco de oxígeno y prolongar mi agonía unos
segundos más.
Necesito
de ella para vivir, una preocupación constante en las largas noches de
insomnio, donde todo parece venirse abajo porqué ella no está a salvo, no está
a cubierto bajo el manto de las estrellas por lo que ni yo mismo puedo
garantizar su seguridad. Si se me fuera… En un charco de lágrimas rojas me
desharía cual helado bajo el sol, esperando el día en qué aquel que decidió
otorgarnos la vida, sea Dios, sea la naturaleza o vete a saber quién, me diera
una explicación de por qué no llegamos con los corazones unidos si, tarde o
temprano, todos tenemos nuestra otra mitad de corazón desperdigada por el
mundo.
Me
he criado en la calle y soy hombre de pocos caprichos, pero considero necesario
notar sus manos sobre mi carne, besar sus labios con delicadeza y halagarla
cual diosa griega de la belleza. No obstante no me puedo permitir el lujo de
tocar, pues tal maravilla necesita estar bien conservada, así pues la devoro
con la mirada. Observo su figura intacta bañada por la luz dorada que esquiva
las sombras, observo sus preciosos ojos con precaución, pues una vez me haya
adentrado del todo en ellos, me veré perdido en un laberinto tan profundo del
cual dudo que pueda o quiera salir. Escucho con atención el latido de su
corazón en el pecho y, os puedo asegurar, que no hay sonido más hermoso.
Cada
noche al acostarme relato estas breves y humildes palabras en mi mente, sueño y
pienso en estos relatos absurdos que carecen de validez frente a todo aquel que
me conoce, pues son los actos y no las palabras los que originan el mundo real
en el que vivimos. No obstante sé que a ella le complace leer mis pensamientos
y no puedo plasmar de mejor manera aquello que pienso que en forma de palabras
escritas, pues es un modesto don con el que he venido. Voy a confesar, además,
que no es lo único en lo que pienso cada noche.
Llego
siempre a la misma conclusión, y es que no habrá días suficientes en la vida
para responder a cómo después de todo lo que he hecho y vivido la vida me
recompensa con un regalo como ella, no soy apto para recibir tal aprecio, no
merezco esto y quizás ella merezca algo más. Pero ya que la vida me lo ha
regalado, que se jodan los demás porqué pienso hacer que no se arrepienta de
haber juntado su enorme y hermoso corazón con éste tan impaciente y temerario.

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