2 de març 2015

La mirada del odio

Temí la mirada de aquel niño. Si… niño. No le tuve miedo al fusil que sostenía, ni a las granadas explosivas que colgaban de su cinturón. No, me fijé en su mirada. Aquellos ojos brunos, profundos e intensos a la vez. No miraban a nadie ni a nada, pero lo decían todo con una intensidad y una fuerza propia de los fenómenos paranormales.

El hombre que tenía a su lado, este mayor, le golpeaba a la vez que le hacía pronunciar unas palabras de adoctrinamiento. Pese a los golpes, el niño seguía con aquella mirada, fija en el infinito, buscando un horizonte inexpugnable y lejos del alcance de cualquiera. Él no tenía miedo, un hombre le golpeaba y no tenía miedo. Creo que estaba orgulloso, que sentía la necesidad de aprender con cada golpe, con cada palabra que repetía, creo que sentía una necesidad muy poco adecuada para la edad que tenía, la necesidad de odiar.

¿Cómo puede un niño odiar? Los infantes quieren, piden cariño, se relacionan en busca de su felicidad y la sonrisa. ¿Por qué esa mirada proyectaba tanto odio? Tras horas de reflexión lo comprendí… Esa mirada, aquella  intensa y afilada mirada, proyectaba el mismo odio que sus ojos habían podido observar. Muerte, polvo, humo… Guerra… Es triste, me causa angustia pensar que por culpa de nuestros errores los niños crecerán de una manera diferente, pensando que un fusil es su herramienta de trabajo, pensando que cuantos más mate el mundo será mejor, pensando que los golpes son necesarios para aprender… Pensando que es mucho mejor causar temor con una mirada, que crear amor con una sonrisa

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada