2 de febr. 2015

Plantas y Bullying

“Míralo, por ahí aparece el renacuajo. Maldito empollón. ¿Por qué tuvo que dejarme mal delante de la profesora la semana pasada? ¡Anda! Si lleva un teléfono nuevo… Voy a acercarme a ver que me cuenta.”

-¿Qué pasa, renacuajo? ¿Y ese móvil? –dijo Will

-Me lo han regalado mis padres por las notas que he sacado… -contestó Edward cabizbajo.

“Ni me mira a la cara… Tiene miedo el payaso. Es tan débil, tan vulnerable, cualquier cosa podría destrozarlo. Voy a reírme un poco más…”

-Déjame verlo, tío. –dijo Will mientras le sacaba el móvil de entre las manos. –Es un buen teléfono. Me gusta.

-Si… -contestó de nuevo Edward bastante preocupado.

-Dile a tus padres que te compren otro, que lo has perdido. Así todos salimos ganando. Tú otro móvil nuevo, y yo con el tuyo. –Will sonrió prepotentemente. La cara de Edward pasó automáticamente a un rostro miedoso, pero a la vez la rabia le concomía por dentro.

-¡No! –gritó el muchacho mientras intentaba recuperar su teléfono.

Maldito renacuajo, se me está resistiendo esta vez. Me sigue tocando con sus manos asquerosas de empollón… Está llamando demasiado la atención, por aquí pueden pasar profesores. Mejor lo engancho después de clase y le doy una buena lección. Así sabrá cómo debe comportarse.”

-Toma… Te lo devuelvo para que dejes de llorar, ¡nenaza! –le dijo Will mientras Edward recogía su teléfono del suelo y se iba corriendo pasillo arriba entre llantos.

[…]

“Por fin se acabó la clase, voy a por el niñato ese. Le diré a Tor y Wender si quieren venir conmigo.”

-¡Chavales! ¿Queréis venir a decirle un par de cosas a Edward? El renacuajo se ha pasado de la raya esta vez, ha intentado plantarme cara y evitar que me llevara su teléfono. –dijo Will mientras se acercaba a sus dos compañeros.

-¡Claro tío! ¡Se va a enterar! –contestó Wender.

-¡Vamos a enseñarle lo que es bueno! –dijo Tor.

“Bien, ¿dónde se habrá metido? ¡Allí está! Le seguiremos hasta que se quede solo y lo llevaremos al “Hueco”… Parece que nadie le sigue, ahora es el momento.”

Nenaza! –gritó Will causando que Edward se quedara inmóvil, petrificado, sin decir nada pero temblando de temor.

-¿Se te ha comido la lengua el gato? –preguntó Tor.

-No… -contestó Edward.

-¡Síguenos! Te vamos a llevar a un sitio súper divertido… -dijo Will mientras cogía al muchacho del brazo y comenzaban a andar los cuatro.

[…]

Wikimedia Commons
“Ya hemos llegado, voy a hacer que se siente en la silla y cerraré bien la puerta para que nadie se entrometa.”

-Bien, Edward… Esto es “El Hueco”. Es nuestro lugar de esparcimiento. Encontramos este sitio un día, estaba abandonado, y trajimos cosas que nos pueden ser útiles cuando nos aburrimos. Tenemos la videoconsola, la televisión, el equipo de música… También el lavabo, una cocina pequeña, una nevera llena de chucherías, y una máquina expendedora de refrescos. Es el lugar perfecto. –explicó Will.

-Eso parece… -dijo Edward aún más asustado.

-Pero tenemos algo para ti, siéntate en la silla que te lo vamos a enseñar… -dijo Tor.

“Ya está sentado… ¿Qué cojo? ¿El cable eléctrico? ¿La cuchilla de afeitar? ¿Las tenazas? Oh… ya sé… la plantita es una buena idea…”

-Mira. –dijo Will mientras abría un armario y sacaba de él una planta conocida por la mayoría de la gente. –Esto son ortigas. Las recogimos del bosque que hay detrás del instituto y las tenemos aquí guardadas. Eres un tío inteligente, así que supongo que sabrás la reacción que provocan las ortigas…

-¡No! –Edward intentó levantarse de la silla, pero los otros dos chavales lo cogieron bien fuerte para que no se escapara. A la vez, Will acercó las ortigas a la cara del muchacho y se las frotó por la frente, las mejillas, la nariz, la barbilla…

-¡Escuece eh, escuece! ¡Así aprenderás a respetarnos! Si queremos tu teléfono nuevo, tu lo aceptas y nos lo das… -gritaba Tor mientras Will seguía restregando la planta contra la cara del pobre adolescente. Edward gritaba, y mucho, no podía parar de llorar y tenía la necesidad de rascarse desesperadamente, a pesar de saber que no solucionaría aquel dolor tan agudo.

“Como sufre, como grita, como llora… Así sabrá lo que es bueno. Voy a dejarle ya, pero aún queda lo mejor…”

-¡Soltadle! –gritó Will mientras sus dos compañeros dejaban en el suelo a Edward, que comenzó a rascarse desesperadamente, aumentando aún más su dolor cutáneo. –Tranquilo, Edward, no somos tan malos. ¿Sabes qué alivia esa reacción? Creo que sí, como he dicho, eres un chico inteligente. –los tres chavales se bajaron la bragueta del pantalón y comenzaron a orinar en la cara del pobre muchacho, que seguía humillado en el suelo, fruto del dolor y la vergüenza de sentir lo que unos compañeros de clase le estaban haciendo.

-¡Se me ha acabado! –dijo Wender entre carcajadas.

-Creo que ya tiene suficiente. Aunque ya no quiero el teléfono, estará empapado… -contestó Will sumándose a las carcajadas. Los tres muchachos se echaron en el sofá y comenzaron a ver la televisión, dejando a Edward en el suelo tirado, lleno de orina y con una reacción cutánea peligrosa en la cara. El muchacho se levantó como pudo, abrió la puerta de “El Hueco”, y se fue por donde había venido.

“Se ha ido calentito, así aprenderá a no meterse con quién no se tiene que meter. ¡Le hemos meado en la cara!, qué bueno… Y lo mejor de todo es que no se atreve a decir nada. Maldito renacuajo, que asco me da el chaval, a ver si algún día de estos alguien le hace un favor y lo atropella en un paso de peatones.”

1 comentari:

  1. Es genial, muy bien relatado, me he sentido el personaje...me ha hecho sentir compasión y rabia. Felicidades por el relato.

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