Es tiempo de cambiar de
aires. El otoño anuncia el inicio del largo viaje, y el colibrí se prepara para
partir. La Tierra Prometida le espera. Eso sí, se marcha para volver.
En el camino, una
bandada de patos le sorprende, atravesando el cielo en sentido opuesto. Una
mirada perdida se cruza entre el pequeño colibrí y una de las aves. El colibrí se
detiene de repente, como por arte de magia. Su cabeza le ha ordenado que
continúe, pero algo en su interior le ha obligado a parar. Con un aleteo
imperceptible se mantiene en suspensión, inmóvil y desconcertado, como si el
tiempo se hubiera congelado ante él. Siente la necesidad de darse la vuelta, y
lo hace. El mismo pato que le miraba también yace en el aire, observando extasiado
su precioso y exótico vuelo. Ambas aves han sentido el irrefrenable deseo de
interrumpir su marcha, sin saber muy bien por qué.
Casi sin darse cuenta, algo
ocurre. Un cálido escalofrío recorre su cuerpo y entonces lo comprende. Lo que
acaba de sentir está por encima de todo lo que ya conocía. ¿Pero, cómo es
posible? Dos pájaros tan distintos y tan alejados el uno del otro. Uno grande y
el otro pequeño; uno del norte y el otro del sur.
El pato le pide que
vuele con él; que abandone su ruta para desviarse juntos hacia un nuevo camino
que recorrer. Está dispuesto a dejarlo todo para comenzar una nueva vida a su
lado. El colibrí fantasea, por un momento, con esa emocionante e inesperada
aventura. En su interior desea profundamente acompañar al pato hasta el lugar
más recóndito de la Tierra, si fuese necesario. Pero entonces recuerda quién es
y adónde va. Tan solo es un colibrí y él es un pato, dos seres completamente diferentes.
Debe emigrar al sur, y cuando llegue el frío, deberá volver a casa. Ese es su
instinto y está en su naturaleza.
Poco a poco, se aleja
del pato y emprende su rumbo de nuevo, dejando caer algunas lágrimas, mientras sueña
con la posibilidad de que algún día vuelvan a encontrarse, para volver a
separarse después. Al fin y al cabo, ese es su instinto y está en su naturaleza...
Texto de David Collado
Texto de David Collado
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